
―y con el talonario por estrenar grita, ¡compro! En su mismo
turno saca una carta del mazo de ‘cartas de desarrollo’, que dice «ha
obtenido permisos para construir carreteras, autopistas e hidrovías por donde
sacar las mercancías obtenidas».
Es el turno del jeque que contraataca, ―nuestras granjas de
vacas estabuladas necesitan mucho más forraje del que producen nuestras tierras
― y hace una oferta nada suculenta por las tierras de regadío de la cuenca del
Nilo, que gana sin problemas.
Cargill, la empresa que controla más del 40% de venta de
granos en el mundo, levanta la carta de ‘negociación’ y propone a China ser
ellos quienes gestionen la agricultura en las tierras que adquirió. China
acepta al escuchar a Cargill explicarle que plantando cereales para
combustibles -en lugar de comestibles- el lucro será brutal. Cierran la
operación, y con los yuanes Cargill agranda sus dominios en los territorios
indígenas de Sudamérica. Saben que acceder a cosechas genera tremendos
beneficios en las bolsas de valores.
Le toca a Goldman Sachs. Los dados le llevan a la casilla de
‘grupos armados’ y pimpampum asalta tierras campesinas salpicadas por aquí y
por allí. Sus colegas del juego le aconsejan trapicheos con cosechas,
minerales, agua y todos los recursos que da la tierra fértil, pero ni se
inmuta, nada quieren hacer con sus millones de hectáreas por ahora. Las poseen
para cuando el mercado especulador pague miles de veces su coste actual.
El monopoly de tierras no es una invención, hoy día es el
mercado más jugoso para bancos, fondos de inversión, empresas del agronegocio o
países emergentes. En cada ronda o turno
millones de seres humanos ruedan del tapete hacia los infiernos del hambre.
Relatos por la Soberanía Alimentaria en Radio Euskadi, 13 de septiembre de 2012. (archivo de audio, aquí).
No hay comentarios:
Publicar un comentario