La crisis es producto de la fatalidad, a ver si pasa pronto…
No hay nada que hacer más que tener paciencia y resignación…
Si, si, de
acuerdo… Los de arriba estarán imputados, pero ya verás como no pisan la cárcel…
Siempre nos quedará el recurso al pataleo…
A los que mandan, a los que te quieren esclavo les encanta
que ese tipo de ideas aniden en tu mente… Si este es el caso, si a veces tienes
ideas como esas, haz el favor de desalojarlas de tu cerebro. Son producto de
algo que tiene nombre científico y se denomina “Indefensión Aprendida”.
Debemos el concepto al psicólogo estadounidense Martin
Seligman, que lo desarrolló a partir de su conocido experimento con perros.
Seligman expuso a dos animales, encerrados en sendas jaulas, a descargas
eléctricas ocasionales. Uno de ellos tenía la posibilidad de accionar una
palanca con el hocico para detener la descarga, mientras el otro no disponía de
medios para hacerlo.
El efecto psicológico en ambos animales era muy distinto: el
primero mostraba un comportamiento y un estado de ánimo normal, mientras que el
otro permanecía quieto, lastimoso y asustado. De esta manera, la importancia de
la sensación de control sobre el estado de ánimo parecía demostrada. Incluso cuando
la situación cambiaba para el segundo animal, y se ponían los medios para que
este pudiera controlar las descargas, era incapaz de darse cuenta y seguía
recibiéndolas sin intentar evitarlo.
De esta manera la indefensión aprendida es una condición psicológica
(también social como en el caso actual) en la que un sujeto (o colectividad)
aprende a creer que está indefenso, que no tiene ningún control sobre la
situación en la que se encuentra y que cualquier cosa que haga es inútil. Como
resultado, el individuo (o colectivo) permanece pasivo frente a una situación
displacentera o dañina, incluso cuando dispone de la posibilidad real de
cambiar estas circunstancias.
La indefensión aprendida genera tres grandes deficiencias :
La Deficiencia Motivacional se caracteriza por una
disminución de las respuestas de individuos (y grupos humanos) que han
“aprendido” (por lo general equivocadamente) que su actuación no sirve para
nada y por lo tanto ya no se esfuerzan en resolver sus problemas. Las
características más sobresalientes a que da lugar la deficiencia motivacional
son la pasividad y la falta de perseverancia. Los sujetos (y grupos humanos)
quedan desmotivados y simplemente intentan adaptarse a las situaciones
dolorosas que les proporciona su ecosistema.
La Deficiencia Cognitiva nos adentra en el ámbito de las
ideas deformadas, en tanto genera una disposición cognitiva negativa. A los
individuos y los grupos humanos les resulta difícil aprender que sus respuestas
han sido eficaces, o tienden a evaluar el resultado como en un balance
negativo, en tanto creen que el esfuerzo no ha obtenido la merecida recompensa.
De esta manera distorsionan la percepción de control: tienden a creer que
fracasaran (individual y colectivamente) en todo lo que emprendan, ya que han
“aprendido” que no existe correspondencia entre los esfuerzos de su conducta y
las consecuencias que desprenden de ellas. La deficiencia cognitiva hace que
aumenten las dificultades en los procesos de memorización, comprensión y toma
de decisiones.
La Deficiencia Emocional consiste en un incremento de la
ansiedad y de la emotividad, seguida de depresión. La percepción de falta de
control produce frustración, miedo, insatisfacción. Por ese camino se llega en
numerosas ocasiones a la enfermedad mental (ansiedad, estrés, depresión,
tristeza crónica…) o la somatización física (úlceras, cefaleas, trastornos del
sueño, enfermedades auto-inmunes…). Y en esta versión, en el caso de las
sociedades, a ciertas patologías de carácter social (pasividad, apatía, tristeza,
desesperanza, cinismo…).
Por el contrario, se define “Empoderamiento” como el proceso
por el cual las personas aumentan la fortaleza espiritual, política, social o
económica de los individuos y las comunidades para impulsar cambios positivos
de las situaciones en que viven. Generalmente implica el desarrollo en el beneficiario
de una confianza en sus propias capacidades.

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